La lejía no debe usarse nunca para tratar los piojos, ni en el pelo ni en el cuero cabelludo. Es hipoclorito sódico, un producto cáustico que puede causar irritación, quemaduras y ampollas en la piel, lesiones en los ojos y problemas respiratorios si se inhalan sus vapores. Ninguna recomendación sanitaria la incluye entre los tratamientos: para los piojos existen productos pediculicidas autorizados y, sobre todo, la lendrera.
Por qué la lejía es mala idea
- Daña la piel. El cuero cabelludo de un niño con piojos suele estar irritado por el rascado, y la lejía agrava esas heridas.
- Riesgo para los ojos. Al aplicarla en la cabeza es fácil que gotee a la cara.
- Vapores. Respirarla en un baño cerrado puede provocar tos y dificultad para respirar.
- No resuelve el problema. Aunque matara algún piojo, las liendres pegadas al pelo seguirían ahí.
Qué recomiendan los pediatras y la AEMPS
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria coinciden en estas pautas:
- Tratar solo cuando hay piojos vivos o liendres cerca del cuero cabelludo. Usar pediculicidas como prevención reduce su eficacia.
- Seguir las instrucciones del producto y, después, pasar una lendrera o un peine de púas finas y fuertes, que hay que limpiar tras cada uso.
- Repetir la aplicación a los 7 a 10 días, porque algunas liendres sobreviven y eclosionan después del primer tratamiento.
- No mezclar pediculicidas distintos, porque puede ser peligroso.
- En menores de 2 años, los pediatras proponen retirar piojos y liendres a mano, con una crema suavizante y la lendrera, repitiendo cada 3 días hasta que en tres peinados seguidos no salga ningún piojo. La permetrina solo se contempla a partir de los 2 meses.
- Más de 2 años: la permetrina en concentraciones próximas al 1 % es el insecticida mejor estudiado. Como en algunas zonas los piojos se han vuelto resistentes, conviene revisar con la lendrera en los días siguientes.
Las liendres que están a más de 1 cm de la piel suelen ser cáscaras vacías. Tener alguna liendre mientras se sigue el tratamiento no es motivo para dejar de ir al colegio.
Ropa, peines y casa: tampoco hace falta lejía
Los piojos de la cabeza se contagian sobre todo por contacto directo de pelo con pelo. Fuera de la cabeza mueren pronto: los recién nacidos en pocas horas y los adultos en poco más de un día. Por eso los pediatras consideran suficiente, y sin obsesionarse:
- Lavar a 60 °C toallas, gorros, sábanas y fundas de almohada.
- Aspirar los tejidos que no se puedan lavar y que hayan estado en contacto con la cabeza.
- Guardar en una bolsa de plástico cerrada durante 2 semanas los objetos no lavables.
- No compartir peines, cepillos, gorros ni gomas del pelo.
Errores frecuentes
- Usar insecticidas domésticos o productos para animales en la cabeza.
- Aplicar el pediculicida «por si acaso» a toda la familia: solo se trata a quien tiene piojos.
- Tratar una vez y olvidar la segunda aplicación.
- Recurrir a mezclas caseras con productos de limpieza.
Si ha habido contacto con lejía
Si la lejía ha tocado la piel o los ojos, hay que lavar con abundante agua durante al menos 15 minutos y pedir atención médica. Si se ha tragado, no se debe provocar el vómito. El Servicio de Información Toxicológica atiende las 24 horas en el 91 562 04 20, y ante síntomas graves hay que llamar al 112. Si los piojos no desaparecen tras dos tratamientos bien hechos, o el cuero cabelludo está muy irritado o con heridas, conviene consultar al pediatra o al médico de familia.
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